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“Escala” de BRADIEN + EDUARD ESCOFFET

By 17 de May de 2015 General

Bradien y Eduard Escoffet vuelven a escena con su segundo trabajo conjunto, este “Escala” que les sitúa más allá, en un espacio particular en el que no valen las reglas: su propuesta está en una galaxia de aires inestables, donde juegan con los sonidos y la voz, la melodía y el tono, las moléculas y los átomos, en la liga de experimentadores alemanes o americanos, en la frontera -si es que existe- que separa el arte del pop, con un pie en la electrónica y otro en el dominio de la palabra. Y aun así, o quizá por eso, “Escala” se nos antoja un disco profundo, maduro pero inasible, nada complaciente, cargado de aristas y dobleces, con lecturas que se superponen y que convierten su escucha en una fuente continua de sentidos.

En “Escala” está todo lo que adoramos de Bradien y Eduard Escoffet, pero con una nueva vuelta de tuerca: suena limpio y pulcro, pero también intrincado cuando más lo necesita; lleno de luz, pero también de historias urbanas en callejones oscuros o aromas rústicos cuando nos quiere transportar a esas ambientaciones tan Bradien, tan al lado de un martini (agitado, por supuesto). Melódicas y trompetas que resuenan en la calle, percusiones que provienen de otro chaflán, palabras sueltas -en catalán, español, alemán, inglés, portugués- que surgen de la escalera vecinal y se unen conformando un texto nuevo en un nuevo contexto, bajos intensos y elásticos, que parecen subir desde el sótano, guitarras perezosas y colchones electrónicos que deconstruyen y vuelven a construir.

“Escala” sobrevive al alud de producción digital, se “fisiciza” y toma cuerpo hurgando en la realidad. “Escala” da órdenes y se deja aconsejar, sugiere y se reafirma, y las ocho manos al mando están totalmente al control, con colaboradores de lujo como la polifacética Lydia Lunch, oficiosa princesa de la cultura underground que va de Foetus a Michael Gira, de Nick Cave a Sonic Youth; o Arnaldo Antunes, multidisciplinario tótem de la cultura brasileña de los últimos 30 años. Pero quien aquí comparte más protagonismo es Stefan Schneider: el ex-Kreidler y ex-To Rococo Rot ha producido el disco, sí, pero también se ha metamorfoseado con la banda y fusionado temporalmente en un solo cuerpo, y ha limpiado, pulido y añadido sombras, tocando vibráfonos y sintes, enriqueciendo la nitidez turbia de Bradien y Escoffet. Los contrastes de la luz y la oscuridad, de la vida pública y la privada. De la postal felliniana que es “Escala”.

Parad máquinas: el mundo ya está impreso.

En vinilo de 180 gr y CD. Portada de Todojunto.

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